Las civilizaciones precolombinas desarrollaron conocimientos astronómicos y metalúrgicos que asombran por su precisión. A través de los calendarios Inca y Azteca, y las sofisticadas máscaras funerarias de Pakal y Batán Grande, observamos una cosmogonía donde el oro era el sudor de los dioses y la naturaleza era sagrada. Desde el Tumi ceremonial hasta el brillo del Sol de Echenique y la Serpiente Bicéfala, cada pieza impresa en este sector rescata la dignidad y la complejidad de las culturas andinas y mesoamericanas que forjaron la identidad de nuestro continente.